Ha pasado ya un año desde que se apagó la luz. No fue de repente; sin embargo, aunque tuvimos algunos meses para entrenar eso de caminar a tientas, cuando llegó el verdadero apagón, ninguno imaginábamos lo oscura que podría llegar a ser la oscuridad.
Primero te engañas y piensas que los ojos se terminarán por acostumbrar al nuevo escenario. Te dedicas a entornar los párpados y el corazón, y crees que nada será tan diferente pero, con cada parpadeo, comprendes que nada será nunca igual. Das un paso y das otro, y no llegas a caerte del todo porque recuerdas dónde solía estar el suelo, pero tampoco consigues caminar completamente erguido. Tumbo tras tumbo, logras surcar un sendero que tiene más de pasado que de futuro.
En este año iluminado con velas, te he hablado cada día, incluso en aquellos momentos en que me quedé sin palabras. He bromeado contigo y hasta me han bromeado de ti.
Te he contado mi historia, mi alegría y mi pena. Te he rezado como seglar porque la María que tengo en el cielo no es ninguna virgen y te he soñado, despertándome con el absurdo alivio de saber que ya no estás; así, no tendré que volver a vivir el momento de marcharte de nuevo.
He vuelto al instituto y, cuando me preguntaban por mi verano, no he tenido el valor de decir la verdad pero tampoco de soltar la incómoda broma que llevaba colgada en el filo de los labios: “Me ha ido mal pero, al menos, este verano no se ha muerto mi madre…”.
¿Cómo se te ocurrió llevarte tanta luz? Ahora, en las sombras, me pierdo muy fácil. Te gustará saber, no obstante, que intento cuidarme lo mejor que sé y puedo pagarme, y que sigo caminando como el hermano pequeño que soy de mi hermana mayor. De ahí no me he soltado todavía.
Vuelve a visitarme cuando quieras, aunque sea mientras duermo. He perdido el miedo y conforme más solo quedo, menos ata. Te seguiré escribiendo y contando, no te preocupes. Seguiremos pendiente a todo lo que te prometimos y mirando la cuenta de La Caixa, no vaya a ser que te cobren de más.
Eso sí, si te da por volver, amenazo con tu amenaza. En el momento en que entres por la puerta, cierro y ya no podrás irte más, aunque me queme con tanta luz.
Engloriado.
Tita Mari,
Te extraño y te quiero, mucho
Qué hijos más bonitos has dejado ❤️
✨🤍✨
Y me encanta tu voz,
Que la sigo escuchando
Mi locutora favorita 💫