Para cuando el mundo se acabe, solo déjenme un minuto más soñando que no es el final. Dejadme agarrando mis miedos por el fino hilo por el que me descosieron y soñando con recuperar todo aquello que no tuve. Todo aquello que perdí porque nunca jugué a ganar.
Quiero volver a ser niño y que el verano me susurre que aproveche su calor y hasta su tedio. Quiero volver a equivocarme mal con quien no me quiso bien. Quiero volver a querer como se puede a quien se debe querer. Quiero volver a querer. Solo quiero.
Se acabará todo y quedará mi mano aferrada a una mancha que dibujo con mis dedos. Arrugaré otro papel que nunca tendrá la verdadera poesía ni los verdaderos sentimientos ni la verdadera verdad porque todo es impostura y la única certeza es que acabará todo. Y mi mano y la mancha. Pero no los dibujos ni los dedos.
Con el último aliento del mundo, quiero gritar nombres. Quiero gritar sentimientos por si el eco del nuevo mundo que quede cuando no quede nada se contagia de ellos. Y renacer cuando no quede nada salvo que nada quede. Que ya es algo.
Y entonces cerrar los ojos porque sabré que el final terminó con todo. Y que yo no vea donde termina. Que nadie lo averigüe nunca.
Pero que una mota de polvo aún titile con su nombre escapándose del fin. Al fin.
