Te escribo sobre el último pétalo que has dejado marchar; no tienes que avergonzarte, yo también lloro a veces. Por eso necesito que te quedes conmigo, para llenar con tu oxígeno cada una de las bocanadas de mis llantos… o de nuestras carcajadas.
Quédate conmigo y te prometo que te ayudaré a ver el mundo a través de mis ojos de la misma forma en que yo me acostumbré a olerlo a través de tus flores. Sí, lo sé. Sé que al frío de cada invierno me olvido de tus primaveras pero sabes que en realidad estoy por ti como una regadera.
Sólo aguanta un poco más. Mira, te cambio de ventana si quieres. O te compro agua mineral. O te trasplanto a mi corazón… pero no me dejes. Necesito seguir viendo tus hojas verdes, esas que mi vago daltonismo ya aprendió a distinguir.
No tengas envidia de las rosas, ni te ofendas al recordar a aquel maleducado girasol que acabó por darte la espalda. Lucha por tu vida mientras te queden espinas que, créeme, cuando más daño me harán será cuando ya no puedan pincharme. Al menos ahora, la sangre que derramo con cada abrazo que nos damos te sirve de alimento. Mi sangre a cambio de tu vida…
¿Aceptas el trato?
Simplemente dame otra estación para demostrarte que no te engaño con esas flores de plástico que tanto odias. Te juro que su inmortalidad no vale siquiera la más débil de tus raíces.
Quédate a mi lado, sigue con tu respiración inversa un poco más y te prometo que para la próxima siembra, si aún quieres morir, yo te ayudaré a hacerlo. Llevaré tu maceta al exterior, ese que te fue prohibido al nacer y moriremos juntos, enfermos de luz de verano.
Y que nos arrastre el otoño, desnudos y secos.
Y que su viento nos duerma lejos.
Para volver a nacer.
Para volver a ser.
Para volver.
Juntos
Recuperado de un escrito antiguo. Releído, me ha parecido lo suficientemente bonito para traerlo de vuelta a mi vida.

Qe bonito Félix
Que real el sentimiento y que dolor entender que no trata de una planta