El problema de escribir no es la falta de imaginación. Ahora mismo, podría empezar a construir en letras una civilización de pequeñas hormigas que llevan graciosos sombreros cada noche al resguardo de su refugio pero que, con cada amanecer, se los envainan para trabajar porque es necesario mantener las apariencias. Fiesteras pero obreras. El problema…