Te escribo sobre el último pétalo que has dejado marchar; no tienes que avergonzarte, yo también lloro a veces. Por eso necesito que te quedes conmigo, para llenar con tu oxígeno cada una de las bocanadas de mis llantos… o de nuestras carcajadas. Quédate conmigo y te prometo que te ayudaré a ver el mundo…
